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RESILENCIA

Hola a todos,

A veces en la vida existen diferentes circunstancias que nos pueden llevar al límite y hacer que nos cuestionemos si tenemos la fuerza y la voluntad necesarias para continuar adelante. En este punto tenemos dos opciones: dejarnos vencer y sentir que hemos fracasado o sobreponernos y salir fortalecidos, apostar por la resiliencia.

La resilencia es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.

Las personas resilientes no nacen, se hacen. Han tenido que luchar contra situaciones adversas como las que estamos viviendo en al actualidad con el COVID-19. Son personas que se han encontrado al borde del abismo y han dado lo mejor de sí y han desarrollado las habilidades necesarias para enfrentarse a los diferentes retos de la vida.

Características de una persona resiliente

  1. Son conscientes de sus potencialidades y limitaciones. El autoconocimiento es un arma muy poderosa para enfrentar las adversidades y los retos, y las personas resilientes saben usarla a su favor. Estas personas saben cuáles son sus principales fortalezas y habilidades, así como sus limitaciones y defectos. De esta manera pueden trazarse metas más objetivas que no solo tienen en cuenta sus necesidades y sueños, sino también los recursos de los que disponen para conseguirlas

  2. Son creativas. La persona con una alta capacidad de resiliencia no se limita a intentar pegar el jarrón roto, es consciente de que ya nunca a volverá a ser el mismo. El resiliente hará un mosaico con los trozos rotos, y transformará su experiencia dolorosa en algo bello o útil. De lo vil, saca lo precioso.

  3. Confían en sus capacidades. Al ser conscientes de sus potencialidades y limitaciones, las personas resilientes confían en lo que son capaces de hacer. Si algo les caracteriza es que no pierden de vista sus objetivos y se sienten seguras de lo que pueden lograr. No obstante, también reconocen la importancia del trabajo en equipo y no se encierran en sí mismas, sino que saben cuándo es necesario pedir ayuda.

  4. Asumen las dificultades como una oportunidad para aprender. A lo largo de la vida enfrentamos muchas situaciones dolorosas que nos desmotivan, pero las personas con un alto nivel de resiliencia son capaces de ver más allá de esos momentos y no desfallecen. Estas personas asumen las crisis como una oportunidad para generar un cambio, para aprender y crecer. Saben que esos momentos no serán eternos y que su futuro dependerá de la manera en que reaccionen. Cuando se enfrentan a una adversidad se preguntan: ¿qué puedo aprender yo de esto.

  5. Aún sin ser conscientes de esta práctica milenaria, las personas resilientes tienen el hábito de estar plenamente presentes, de vivir en el aquí y ahora y de tienen una gran capacidad de aceptación. Para estas personas el pasado forma parte del ayer y no es una fuente de culpabilidad y zozobra mientras que el futuro no les aturde con su cuota de incertidumbre y preocupaciones. Son capaces de aceptar las experiencias tal y como se presentan e intentan sacarles el mayor provecho. Disfrutan de los pequeños detalles y no han perdido su capacidad para asombrarse ante la vida.

  6. Ven la vida con objetividad, pero siempre a través de un prisma optimista. Las personas resilientes son muy objetivas, saben cuáles son sus potencialidades, los recursos que tienen a su alcance y sus metas, pero eso no implica que no sean optimistas. Al ser conscientes de que nada es completamente positivo ni negativo, se esfuerzan por centrarse en los aspectos positivos y disfrutan de los retos. Estas personas desarrollan un optimismo realista, también llamado optimalismo, y están convencidas de que por muy oscura que se presente su jornada, el día siguiente puede ser mejor.

  7. Se rodean de personas que tienen una actitud positiva. Las personas que practican la resiliencia saben cultivar sus amistades, por lo que generalmente se rodean de personas que mantienen una actitud positiva ante la vida y evitan a aquellos que se comportan como vampiros emocionales. De esta forma, logran crear una sólida red de apoyo que les puede sostener en los momentos más difíciles.

  8. No intentan controlar las situaciones, sino sus emociones. Una de las principales fuentes de tensiones y estrés es el deseo de querer controlar todos los aspectos de nuestra vida. Por eso, cuando algo se nos escapa de entre las manos, nos sentimos culpables e inseguros. Sin embargo, las personas con capacidad de resiliencia saben que es imposible controlar todas las situaciones, han aprendido a lidiar con la incertidumbre y se sienten cómodos aunque no tengan el control. Se centran en cambiar sus emociones, cuando no pueden cambiar la realidad.

  9. Son flexibles ante los cambios. A pesar de que las personas resilientes tienen una autoimagen muy clara y saben perfectamente qué quieren lograr, también tienen la suficiente flexibilidad como para adaptar sus planes y cambiar sus metas cuando es necesario. Estas personas no se cierran al cambio y siempre están dispuestas a valorar diferentes alternativas, sin aferrarse obsesivamente a sus planes iniciales o a una única solución.

  10. Son tenaces en sus propósitos. El hecho de que los resilientes sean flexibles no implica que renuncien a sus metas, al contrario, si algo las distingue es su perseverancia y su capacidad de lucha. La diferencia estriba en que no luchan contra molinos de viento, sino que aprovechan el sentido de la corriente y fluyen con ella. Estas personas tienen una motivación intrínseca que les ayuda a mantenerse firmes y luchar por lo que se proponen.

  11. Afrontan la adversidad con humor. Una de las características esenciales de las personas resilientes es su sentido del humor, son capaces de reírse de la adversidad y sacar una broma de sus desdichas. La risa es su mejor aliada porque les ayuda a mantenerse optimistas y, sobre todo, les permite enfocarse en los aspectos positivos de las situaciones.

  12. Buscan la ayuda de los demás y el apoyo social. Cuando las personas resilientes pasan por un suceso potencialmente traumático su primer objetivo es superarlo, para ello, son conscientes de la importancia del apoyo social y no dudan en buscar ayuda profesional cuando lo necesitan.

 

Esperamos que os sirva de ayuda

Un saludo

Nagore

Rosario Linares

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PROTECCIÓN EMOCIONAL ANTE EL CORONAVIRUS

Hola a todos,

Hoy os queremos dejar el relato del psicólogo Enrique Pallarés para intentar entender las emociones que se pueden dar en esta situación tan inusual que estamos viviendo.

La ansiedad, como la ira, es una reacción del ser humano (y también de los animales) ante lo que percibe como peligro. 

La ansiedad se manifiesta de diferentes maneras: intranquilidad, evitación, huida, preocupaciones, aumento de la tasa cardiaca, alteración de la respiración, sudoración, etc. Algunos de estas manifestaciones, como se ve, son cambios corporales, con frecuencia presentes en las crisis de angustia (crisis o ataque de pánico).

Dada la heterogeneidad de las manifestaciones también es complejo el tratamiento y las sugerencias para manejar la ansiedad. Algunas de las sugerencias que siguen van más dirigidas sobre todo a los síntomas agudos, mientras que otras resultan más adecuadas para la ansiedad crónica. Unas son de aplicación inmediata, otras para aplicarlas a medio o largo plazo. Me limito a las que proceden de la Psicología, pues existe la posibilidad de un tratamiento farmacológico y, por supuesto, la combinación de ambos.

Empezaré por una que me parece especialmente importante: cambiar la actitud ante la ansiedad.

 

Sea más tolerante con la ansiedad: no se esfuerce en hacerla desaparecer

Las personas con problemas de ansiedad intentan, con frecuencia, hacerla desaparecer por todos los medios. Con ello, la ansiedad aumenta más: ansiedad por la ansiedad, ansiedad secundaria. Entonces, ¿qué hacer? ¿Dejarla sin más? ¿resignarse pasivamente? Tampoco ésta es la solución. El objetivo no debe ser eliminarla, sino manejarla. Para empezar, hay que mirarla de otra manera, no verla como un enemigo. Evitar el miedo al miedo. Una de las formas de mirarla de otra manera es observar de forma más objetiva las sensaciones de ansiedad.

La recomendación de tolerar las sensaciones de ansiedad parece a primera vista absurda y antinatural. Pero no es una invitación a la resignación pasiva, sino la primera estrategia activa y la forma de hacer que la ansiedad resulte más manejable. Tolerar las sensaciones de ansiedad no quiere decir que le tienen que resultar agradables o que son una tontería; de ninguna manera. Es, más bien, no agobiarse más todavía por su presencia ni impacientarse si no desaparecen inmediatamente; no agobiarse por el aumento del ritmo del corazón, el temblor de las manos o sentir inquietud, etc. Recuerde: son sensaciones molestas, pero no son peligrosas.

 

¿Ansiedad o coronavirus?

Uno de los síntomas corporales de la ansiedad más frecuentes es la dificultad respiratoria, una especie de bloqueo de la respiración. Entre los síntomas de la infección por coronavirus está también una dificultad para respirar. ¿Cómo distinguirlas? La distinción es una cuestión médica más que psicológica. Debe ser el médico el que las diferencie, quien lo hará con facilidad a la vista de los detalles. A modo de sugerencia, indicaré que en el caso de coronavirus la dificultad respiratoria no aparece de forma tan repentina como en la crisis de ansiedad. Además, uno de los síntomas más frecuentes de los casos sintomáticos de coronavirus es la presencia fiebre, que tampoco está presente en los ataques de ansiedad. Finalmente, la dificultad respiratoria debida a la ansiedad es posible que tenga una historia, es decir que haya ocurrido con anterioridad y que no sea ahora la primera vez. Pero en caso de duda, lo mejor es consultar al profesional a través de los teléfonos dispuestos para ello.

No se avergüence de mostrar ansiedad

Experimentar y manifestar signos de ansiedad no es algo vergonzoso ni humillante. No es un signo de debilidad. Tenga en cuenta que es ese mismo «miedo al miedo» el que hace que todavía aumenten más la ansiedad y sus manifestaciones. Si usted teme que los demás observen un ligero temblor en sus manos –que, por cierto, pasa inadvertido para la mayoría–, ese temor le llevará a que el temblor aumente y resulte más visible. Si en vez de ocultar el ligero temblor decide, de verdad, no ocultarlo –incluso trata de exagerarlo–, es posible que no lo consiga y que el temblor desaparezca.

 

Diferencie lo que es ansiedad de lo que no es ansiedad

Procure diferenciar la ansiedad de otras sensaciones molestas, como las que produce la fatiga o la falta de sueño. ¿Es ansiedad lo que experimento, o más bien las sensaciones propias de no haber dormido en toda la noche?, ¿es ansiedad, o tensión y fatiga por no haber descansado bien? Además, no toda emoción molesta es ansiedad, aunque a veces lo parezca.

No mezcle el miedo al contagio que siente con el enfado producido porque no funciona bien el televisor, con el disgusto por la discusión con su pareja, o con el sentimiento de culpabilidad por haber dicho a un amigo algo que piensa no debería haberle dicho. Aunque todo eso le ocurre a usted, la forma más adecuada de afrontar la ansiedad que experimenta estos días es separar las diferentes experiencias emocionales negativas y evitar que se mezclen y se potencien entre sí. En la medida de lo posible conviene poner tabiques separadores entre las diferentes experiencias negativas, y no mezclarlas. Al menos, analice y aclare que se trata de diferentes emociones.

 

¿Técnicas de relajación y respiración?

Una de las recomendaciones más frecuentes para los problemas de ansiedad son las técnicas de relajación y respiración. Totalmente de acuerdo, pero con una nota de cautela, que es a lo que responde la interrogación del título de este apartado. No intente utilizar estas técnicas de relajación y respiración, salvo que las tenga muy automatizadas, cuando experimenta un máximo de ansiedad. No le servirán e, incluso, pueden hacer sentirse peor. Las técnicas de relajación y respiración resultan muy adecuadas cuando la ansiedad comienza, pero no cuando ya se ha desbordado.

No afronte la ansiedad con remedios inadecuados

Ante las sensaciones de ansiedad, algunos se «automedican» con alcohol, o con estimulantes como el café, el té o la cola. Los estimulantes, como el café, pueden producir una elevación de la activación fisiológica, que al ser interpretada –de forma errónea– como síntomas de ansiedad peligrosos, disparan de verdad la espiral ascendente de la ansiedad. El alcohol, depresor del sistema nervioso central, no resulta útil a medio y largo plazo para controlar la ansiedad, pues termina por hacerle a usted todavía más vulnerable a la ansiedad. Tampoco trate de disminuir la ansiedad excesiva con la comida –que llegará a ser compulsiva–, pues solamente alivia un poco la ansiedad en el momento de comer, pero después la eleva. Algo parecido se puede decir del trabajo o de la excesiva actividad, pues ese ritmo frenético eleva todavía más la ansiedad y hace que se desborde».

Esperamos que os ayude y mucho ánimo

Un día más, un día menos

Un saludo

Nagore

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PAUTAS PARA AFRONTAR EL CONFINAMIENTO EN CASA

Hola a todos,

Estamos viviendo una situación compleja y difícil de asimilar por lo novedoso de la situación.

El confinamiento en casa du­rante varios días puede generar mucho malestar psicológico y es por ello por lo que os queremos facilitar una serie de pautas para sobrellevar esta situación.

 

RUTINA DIARIA

Es importante marcarse unos horarios, objetivos diarios para poder llevarlos a cabo a lo largo del día.

 

AFRONTAMIENTO POSITIVO

Debemos centrarnos cognitivamente no en que no nos dejan salir, sino en que, gracias a

nuestro sacrificio personal estamos haciendo un bien para los demás y la sociedad.

Que estamos haciendo algo que es esencial para el bien común.

Enfocarnos en que, aunque es difícil, quedán­donos en casa estamos salvando vidas.

 

EVITAR LA SOBREINFORMACIÓN

La sobreinformación que puede generar mu­chísima ansiedad.

Para cuidarnos, evitaremos estar con la tele encendida todo el día escuchando noticias so­bre el coronavirus.

Sólo nos informaremos en un momento con­creto del día que hayamos elegido previamente. Pueden ser los informativos de la mañana, de la tarde o de la noche, lo que nosotros queramos, pero solo una vez al día.

El resto del día estaremos ocupados haciendo actividades que no estén relacionadas con

este tema.

 

MANTENERSE ACTIVO

Limitar el tiempo que pasamos conectados a la tecnología.

Buscar actividades manuales y formas de pa­sar el tiempo separados de las pantallas.

Buscar formas de actividad física que poda­mos realizar en casa.

 

UTILIZAR LA TECNOLOGÍA para mantenernos unidos a nuestros seres queridos.

 

AYUDARSE MUTUAMENTE

Reunirnos entre todos y tomar conciencia de las dificultades que pueden suponer estos días a nivel psicológico.

Hacer un “acuerdo de paz”, mediante el cual, vamos colaborar y a apoyarnos los unos a los otros, esforzándonos en hacer la vida más lle­vadera a los demás durante este tiempo.

¡Somos un equipo!

Vamos a pasar estos días juntos de la mejor forma posible.

 

PARA LOS NIÑOS:

El consejo de mantener un horario y una ru­tina es fundamental.

Por ejemplo: por la mañana hacemos los de­beres, después de comer vemos la tele o jugamos con tecnología y por la tarde apro­vechamos la situación para hacer actividades especiales en familia.

Los niños deben comprender el por qué no de­bemos salir de casa: no por el miedo a con­tagiarnos, sino porque de este modo estamos protegiendo a personas de salud frágil.

Hacerles entender que estamos haciendo un acto lleno de valor y sentido trascendente.

 

Mucho ánimo para todos

Un saludo

Nagore

Elena San Martín Suárez

(Educadora Social y Psicóloga)

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¿SOMOS CAPACES DE SOBREPONERNOS A SITUACIONES QUE NOS SOBREPASAN EMOCIONALMENTE?

Hola a todos,

Para este mes de abril, y antes de que comencéis unos días de descanso, nos gustaría hablaros de un concepto que seguramente os suene pero tal vez no todos lo habéis experimentado.

Hablamos de la RESILIENCIA. Si nos centramos en la definición sería:

“La capacidad de enfrentarnos a situaciones emocionalmente duras o difíciles y ser capaces de reconstruirnos después, saliendo fortalecidos de la experiencia”

Se trata de sacar un aprendizaje de las situaciones que se nos presentan en la vida, ya que muchas de las cosas que nos suceden no son opcionales pero sí la forma que tenemos de enfrentarnos a ellas.

También es cierto que la resiliencia es una cualidad que se aprender, por lo que llevará práctica y mucha consciencia para poder sobreponernos antes situaciones altamente estresantes. Se trata de ir desarrollando diferentes habilidades para enfrentarnos a los retos de la vida.

Como creemos firmemente en las capacidades de las personas, os dejamos unas recomendaciones para comenzar y poder llegar a aprender hasta de los momentos más duros, aunque muchas veces pensemos que eso no es posible:

  1. Ser conscientes de nuestras capacidades y limitaciones: autoconocimiento.
  2. Confiar en nosotros mismos: esto nos ayudará a saber cuándo podremos o cuando será necesario pedir ayuda. Debemos permitirnos parar y delegar.
  3. No internar controlar las situaciones: Hay una tendencia extendida que de podemos controlarlo todo, ya que eso aparentemente nos da más seguridad. Al final solo nos lleva a la frustración cuando nos damos cuenta de que no todo es controlable, aceptémoslo
  4. Ser flexibles a los cambios.
  5. Importancia del apoyo social: rodearnos de gente que nos ayude o simplemente nos acompañe en el proceso.

 

“Entre las dificultades se encuentran las oportunidades”

 

Esperemos que sea de vuestro interés

Nagore y Amaia

 

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¿POR QUÉ SIENTO QUE EL TIEMPO PASA CADA VEZ MÁS RÁPIDO?

Hola a todos,

Probablemente muchos habéis experimentado esa sensación de las ganas que teníais de que llegara el verano y sin daros cuenta ya se ha pasado. Aunque en realidad es algo que también sentimos en invierno, otoño, primavera y a lo largo de todo el año en general.

Parece que el tiempo avanza cada vez más rápido a medida que vamos envejeciendo.

A continuación os vamos a dejar una serie de razones que explicarían por qué sentimos que el tiempo pasa más rápido y nos genera más presión:

      1. Un problema de proporciones

        Cuando uno tiene cinco años, un año representa el 20% de tu vida. En cambio, cuando tienes 50, un año es sólo el 2% del total.

        Con esa diferencia de proporciones, ¿cómo no vamos a sentir que el tiempo avanza diferente?

      2. Los recuerdos

        Miramos nuestra vida no sólo respecto a un factor cronológico, sino que también sobre la base de recuerdos vividos.

        La infancia es la etapa donde mayores recuerdos se recogen debido a la intensidad de la carga emocional que eventos comunes nos provocan y por tanto, estamos más propensos a recordarlos después.

      1. Se nos escapa el tiempo

        ¿A quién no le ha pasado que estando inmerso en un libro cuando finaliza la lectura, se termina dando cuenta que la media hora que se había propuesto leer originalmente se ha extendido a una hora y media?

        En el fondo, lo que esto implica es que cuando terminamos nuestros proyectos mucho después de lo esperado, al final terminamos sintiendo que el tiempo se ha movido hacia adelante mucho más rápido de lo que debería.

      2. Hacemos cosas bajo presión

        Entre los 16 y los 50 años estamos más expuestos a desarrollar labores bajo presión. Siempre que hacemos cosas bajo presión, experimentamos que el tiempo avanza más rápido. Como por ejemplo, cuando tienes que entregar un proyecto al día siguiente y aún no lo has terminado y sientes que el reloj voló y que no has tenido tiempo suficiente para preparar bien el trabajo.

¿Qué podemos hacer al respecto?

Os queremos mencionar una serie de cosas para que sintamos que el tiempo avanza más lento.

La primera es terminar las cosas que tenemos pendientes. Generalmente cuando hay asuntos que no hemos finalizado, nuestra mente divaga y terminamos desconcentrándonos de lo que estamos haciendo realmente, lo que ayuda a que a veces perdamos la noción del tiempo y este se nos escape.

La segunda es tener metas realistas, es importante pensar antes cuánto tiempo nos va a llevar realizar lo que tenemos pensado hacer, siendo realistas y objetivos.

La tercera, parece muy fácil pero muchas veces no le damos importancia a apreciar bien cada momento de nuestras vidas, por muy cotidiano o simple que pueda parecer.

Esperamos que os guste

Un saludo

Nagore y Amaia

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EL PRINCIPITO

Hola a todos,

¡Ya ha comenzado el mes de abril! Y justo en este mes, concretamente el 6 de abril, ha sido el aniversario del libro “EL PRINCIPITO”, ni más ni menos que 75 años.

Por ello nos gustaría hacer mención de algunas de las enseñanzas que nos ha aportado este maravilloso libro tanto a nosotros, los adultos, como a los más pequeños.

Empatía, inteligencia, compasión o como superar un duelo, han sido algunas de las grandes lecciones que nos ha aportado este libro. En este post, queremos mostraros las más destacadas y las que más nos han gustado a nosotras, muy relacionadas con nuestra profesión y aplicables a la vida cotidiana. Son mensajes para toda la vida.

1. Todas las amistades son diferentes pero importantes a su manera.

Hay amistades hechas de risas o dolores compartidos; otras de horas de escuela; otras de juegos de juventud, salidas, cines o diversiones; otras de un momento clave vivido en coincidencia… y luego están aquellas que nacen sin saber por qué… incluso de silencios comprendidos o de simpatía mutua sin explicación”.

Lo que viene a decir con esto, es que todas las amistades son igualmente válidas y valiosas, pero como las personas, son únicas y diferentes.

2. Lo más valioso de lo que podemos adueñarnos, son las experiencias y oportunidades que nos da la vida.

“Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante”.

Las experiencias que nos pasan en la vida, es lo que nos hace ser lo que somos, y lo que nos ayuda a entender las cosas.

3. Nos recomienda que disfrutemos de la vida, que, aunque seamos adultos, no significa que no podamos divertirnos.

“Todos los mayores han sido primero niños, pero pocos lo recuerdan”

Aunque pueda sonar a tópico, tenemos derecho a disfrutar. Ser adulto implica tener ciertas responsabilidades y preocupaciones, pero que ello no impida disfrutar de las pequeñas cosas.

4. Tenemos derecho a equivocarnos, y eso no es malo. Probar nuevos caminos y arriesgar.

Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos»

Tratar de no tener miedo a hacer cosas diferentes, eso nos ayuda a crecer.

5. La exigencia excesiva, nos llena de insatisfacciones.

Se debe pedir a cada cual lo que está a su alcance realizar»

Si pedimos a la gente o a nosotros mismo más de lo que podemos hacer o dar, vamos a acabar generando un malestar. Por tanto, que cada uno haga lo que es capaz de hacer.

6. Es más difícil juzgarnos a nosotros mismo que a los demás.

“Si consigues juzgarte rectamente es que eres un verdadero sabio»

Desterrar prejuicios. Intentar conocernos a nosotros mismos con nuestras virtudes y defectos. Debemos intentar mantener el respeto por nosotros mismo y por los demás.

¡Esperamos que sea de vuestro interés! Y recordad….

Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos.»

Un saludo

Nagore y Amaia

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¿VIVES INSTALADO EN LA QUEJA?

Nos gustaría comenzar preguntando si creéis que: ¿Vivís instalados en la queja? Pues ya es hora de dar la vuelta a la queja porque (aunque la perfección no exista…) como decía Sir Arthur Conan Doyle, creador del famoso detective Sherlock Holmes: “Perfecto es quien vive sin enojos y muere sin quejas”. Esto es, en realidad un reto difícil de conseguir, pero nadie dijo que fuera fácil.

Quejarse es un hábito que aprendemos muy rápido desde pequeños, cuando algo no nos gusta o no cumple con nuestras expectativas nos quejamos hasta tal punto que nuestros padres, hermanos, abuelos o amigos nos pueden llegar a llamar “quejicas”.

Vivimos en un mundo con demasiadas quejas y poca acción para solucionarlas. Tenemos una tendencia para centrarnos en lo malo o lo negativo que nos imposibilita tener una visión hacia algo más saludable. En esta sociedad, en muchas ocasiones vivimos lamentándonos por las cosas que no nos gustan y al mismo tiempo hacemos muy poco para cambiarlo.

Pero tampoco queremos ser derrotistas porque es cierto que los años pasan y, como norma general, aprendemos a quejarnos menos y hacer más. No obstante, hay personas que, como decimos comúnmente los psicólogos, se instalan en la queja.

¿Qué significa estar instalado en la queja?

La palabra quejar (del latín ‘quassare’, golpear violentamente, quebrantar) significa expresar con la voz el dolor o pena que se siente. También, dicho de una persona: manifestar el resentimiento que tiene de otra. Como podéis ver, estos significados están llenos de negatividad, que lo que acaban provocando es más de lo mismo (círculo vicioso).

Las personas que viven en la queja invierten su tiempo en quejarse por cualquier cosa de manera recurrente. Lo haga ellos u otras personas, solo saben ver los aspectos negativos por lo que nunca están satisfechos buscando nuevas recriminaciones en cualquier ámbito de su vida.

En resumen, cuando se vive en la queja, la persona limita su propio disfrute así como el de los demás.

Dicho de esta manera, puede verse como algo negativo y que ninguna persona querría en su vida. No obstante, vivir en la queja es una posición cómoda y que proporciona beneficios interesantes a la propia persona por lo que cuesta ser conscientes de ésta postura. Puede ayudar a que los demás estén más pendientes de ti, hagan más cosas por ti, te liberen de ciertas tareas… es decir, se consigue cierta atención viviendo de esta manera que genera una falsa sensación de confort.

Pero… ¿qué pasa al final asumiendo esta postura? Que las cosas o los otros no cambian. Aquí es donde nos gustaría hacer una aclaración fundamental. Alguno podrá pensar que hay que quejarse para que las cosas cambien. No necesariamente. Se trata de actuar no de quejarse. Es cierto que todo cambio empieza con la insatisfacción. Pero esta es el comienzo, no el fin. Al final se trata de moverse y cambiar eso que nos genera malestar.

¿Qué consecuencias tiene vivir en la queja?

Aunque ya hemos comentado algunas de ellas, es importante destacar que el hecho de vivir en la queja conlleva otras consecuencias negativas tanto para la propia persona como para su alrededor. Algunos ejemplos son:

  • Disminución de la capacidad resolutiva, puesto que se centra en el problema pero no en la búsqueda de soluciones.

  • Cansancio

  • Visión negativa del mundo y del entorno

  • Desmotivación o desilusión en general

  • Dependencia hacia las otras personas, ya que la persona se apoya en los demás para que resuelvan sus problemas o le planteen posibles soluciones.

  • Estas quejas aumentan el estrés, nuestro cuerpo responde con más tensión y aumentamos el colesterol y la posibilidad de enfermedades de corazón, depresión, acidez y asma, es decir, puede generar síntomas físicos que aumenten la sensación de malestar.

¿Cómo se puede cambiar?

Aunque suene a tópico, lo primero que se necesita es ser consciente de que uno mismo está instalado en la queja. Este hábito, aunque puede ser muy evidente para las personas del entorno, cuesta de reconocerlo en uno mismo. Por lo tanto, es importante analizar el propio discurso o los comentarios de los demás para ver sí uno vive centrado en las soluciones o, por el contrario, en los problemas.

Asimismo, es importante tener presente los beneficios que se obtienen de las quejas para así poder decidir libremente si son prescindibles para uno mismo. Todos hemos de tener en cuenta que al final, la decisión depende de cada uno y todas las formas de vivir son lícitas.

Una vez que se tiene claro, es importante empezar a reducir las quejas. Ser conscientes de cada vez que se queja para poder modificar el pensamiento o la frase por un mensaje más positivo o resolutivo.

¿Por ejemplo, ante la queja frecuente de no llego a final de mes, intentar cambiar el chip y valorar “Es verdad, mis cuentas van justas pero ¿que puedo hacer para cambiar eso? ¿Hay algo de lo que pueda prescindir a corto plazo? ¿Puedo dejar de tomar el café en el bar cada día?”.

Lo esencial en este proceso es dejar el mensaje pasivo de la queja, para poder pasar a la acción. Por lo tanto, ante cualquier queja lo que se ha de poder conseguir es aceptarla, en caso de ser una realidad, y valorar qué puedo hacer con ello.

Por último, os queremos recomendar un par de libros donde la queja queda relegada para dar paso a la acción: El mundo amarillo de Albert Espinosa y El hombre en busca del sentido de Victor Frankl.

Un saludo

Nagore y Amaia

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DÁNDOME CUENTA DE QUE NO ME DOY CUENTA

Me levanto una mañana, salgo de mi casa, hay un pozo en la vereda, no lo veo y me caigo en él.
 Al día siguiente, salgo de mi casa, me olvido que hay un pozo en la vereda, y vuelvo a caer en él.


Tercer día: salgo de mi casa tratando de acordarme que hay un pozo en la vereda, sin embargo no lo recuerdo, y caigo en él.


Cuarto día: salgo de mi casa tratando de acordarme del pozo en la vereda, lo recuerdo, y a pesar de eso, no lo veo y caigo en él.

Quinto día: salgo de mi casa, recuerdo que tengo que tener presente el pozo en la vereda y camino mirando al piso, y lo veo y a pesar de verlo, caigo en él.

Sexto día: salgo de mi casa, recuerdo el pozo en la vereda, voy buscándolo con la vista, lo veo, intento saltarlo, pero caigo en él.

Séptimo día: salgo de mi casa y veo el pozo, tomo carrera, salto, rozo con las puntas de mis pies el borde del otro lado, pero no es suficiente y caigo en él.

Octavo día: salgo de mi casa, veo el pozo, tomo carrera, salto, ¡llego al otro lado! Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido, que festejo dando saltos de alegría…y al hacerlo, caigo otra vez en el pozo.

Noveno día: salgo de mi casa, veo el pozo, tomo carrera, lo salto, y sigo mi camino.

Décimo día: me doy cuenta recién hoy… ¡que es más cómodo caminar por la vereda de enfrente!

¿Cuántas veces tenemos que caer en el mismo pozo para darnos cuenta de que existe? ¿Cuántas veces, a pesar de saber que existe, seguimos cayendo en él o en otros similares?.

El protagonista del cuento necesita nueve días para conseguir evitar caer en el pozo. Podemos tomar este período de tiempo como una forma de explicar que, cuando necesitamos cambiar algo, hace falta pasar por un proceso, un tiempo más o menos largo que con las prisas de la sociedad actual no siempre estamos dispuestos a recorrer.

Días 1, 2 y 3, darme cuenta del pozo:

El primer paso es ser capaz de contactar con lo que me está pasando. ¡A pesar de que cada día ha caído en él, el protagonista necesita tres días para recordar que el pozo está ahí! Aunque parezca demasiado evidente, no siempre nos damos cuenta de que algo que nos ha acompañado durante más o menos tiempo, nos está perjudicando.

A veces sentimos que algo no anda bien sin percatarnos de qué es y otras, simplemente ni siquiera somos capaces de contactar con el daño que recibimos. Si no vemos el pozo, puede ser que tampoco veamos el daño que nos causa caer en él.

Días 4, 5 y 6, poniendo conciencia en el pozo:

A pesar de recordar que el pozo está ahí, el protagonista sigue cayendo en él. Esto sucede cuando, a pesar de conocer algún elemento que repetimos o que sale “automáticamente”, no podemos evitar que aparezca. Por ejemplo: sentirnos atacados enseguida, callar algo que necesitamos decir, tener miedo o dudar ante todo, fumar, comer en exceso, etc…

Cada vez que nos encontramos dando la misma respuesta de siempre, al principio lo único que podemos hacer es aceptarla y tomar conciencia de ella, darnos cuenta de cómo nos hace sentir, para qué la usamos, cómo nos perjudica, etc…

Día 7, empezar a cambiar la respuesta:

Una vez nos hemos dado cuenta, hemos puesto conciencia y hemos trabajado nuestra dificultad a nivel profundo (cuándo aparece, para qué nos sirve, su origen, etc..), se abre la posibilidad de empezar a cambiar la respuesta. De hecho, los pasos anteriores (conciencia, aceptación, trabajo) ya hacen que empiece a modificarse por sí sola.

Día 8, recaída:

Como “la cabra tira al monte”, nuestra neura querrá volver a los automatismos de siempre (¡son mucho más cómodos!). A veces, cuando nos “relajamos” y creemos la dificultad ya está superada, resbalamos y volvemos a caer en el pozo. Un trabajo de conciencia requiere paciencia y constancia.

Día 9, consolidación:

A partir de la conciencia y el trabajo en lo que nos perjudica, conseguimos afianzar las nuevas respuestas y saltar con destreza por encima del pozo. Eso no garantiza que no volvamos nunca más a caer en él, pero sí que varía su tamaño, profundidad, que sabemos de que existe, sabemos dónde está, cómo gestionarlo…

Día 10, una nueva mirada:

Cuando estamos inmersos en un problema muchas veces no somos capaces de ver las distintas maneras en las que podemos abordarlo o solucionarlo. Por ayudarnos a ver otras opciones y nuevos puntos de vista, una ayuda profesional nos puede acortar el camino cuando nos enfrentarnos a nuestros “pozos”.

Cuando abrimos nuestra conciencia y nos damos cuenta, podemos observar que el camino que tomábamos sólo era uno de tantos, el único que éramos capaces de ver mientras estábamos “durmiendo”.

Si crees que debes cambiar algo en tu vida, HAZLO”

Un saludo

Nagore y Amaia

(Referencias)

Jorge Bucay

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¿TE ATREVES A SALIR DE TU ZONA DE CONFORT?

Hola a todos,

¿Alguna vez habéis tenido la sensación de estar perdiendo oportunidades por no salir de la llamada “zona de confort”?

A lo largo de nuestra vida, muchas veces, nos podemos encontrar con situaciones difíciles y estresantes, que nos producen un gran malestar tanto físico como emocional, y aun así hacemos todo lo que está en nuestra mano por mantenernos ahí. Parece como si quisiéramos mantener el dicho: “más vale malo conocido que bueno por conocer”.

Tendemos a agarrarnos a la falsa ilusión de lo conocido y estable. Nos han enseñado a que tenemos que tratar de sentirnos seguros en todo momento y de la necesidad de tenerlo todo bajo nuestro control. Mantener esa estabilidad en todo lo que nos rodea: estabilidad laboral, estabilidad familiar…

Lo que sucede es que, al tratar de encontrar la estabilidad permanente, aparecen otros aspectos que tanto escuchamos en los demás y en nosotros mismos: costumbres rigurosas, horarios inflexibles, relaciones sociales desagradables o relaciones de pareja insatisfactorias.

Al final, todo esto, genera una conformidad con todo lo que hemos construido en lugar de tratar de reinventarnos cada día. El miedo a lo nuevo nos hace aceptar lo que ya tenemos, incluso aunque no seamos felices con ello.

Sin embargo, olvidamos que lo realmente permanente es el cambio. Nosotros cambiamos cada día, con cada experiencia. Tenemos la libertad de cambiar, de elegir lo que queremos y de marcarnos objetivos nuevos a medida que vamos evolucionando.

Atrévete a cambiar, a intentarlo.

Dentro de veinte años a partir de ahora te arrepentirás de las cosas que no hiciste, así que suelta las amarras y navega fuera de tu zona de confort, busca el viento en tus velas. Explora, sueña, descubre.” Mark Twain.

Un saludo

Nagore y Amaia

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FALSAS CREENCIAS SOBRE NUESTRA PROFESIÓN

Hola a todos,

Hoy nos gustaría hablaros sobre las creencias erróneas que muchas veces habéis podido pensar sobre la psicología, nuestra profesión.

Seguramente, muchos de vosotros habéis pensado alguna vez que el mejor psicólogo es un amigo, o que acudir al psicólogo es estar loco o que leemos la mente…

Por esto, hoy queremos dar la vuelta a estas falsas creencias y mostraros la verdad de la psicología y cómo trabajamos en DelZu.

Mito 1: “Un buen amigo es el mejor psicólogo”

No, aunque el apoyo social y las amistades pueden ayudar a aliviarnos en un momento determinado, no es suficiente. Los psicólogos somos profesionales de la salud y trabajamos desde la neutralidad y sin juzgar a la persona que tenemos en frente.

Mito 2: “Si vas al psicólogo significa que estás loco”

No. Lo único que significa es que tienes un problema y buscas ayuda especializada para solucionarlo, al igual que si vas al médico si te duele la garganta. Para nosotras acudir al psicólogo es un acto de responsabilidad, ya que la persona admite tener un problema y quiere solucionarlo.

Mito 3 : “No creo en los psicólogos”

No se trata de una cuestión de creencias, los psicólogos existimos. Los psicólogos somos profesionales que hemos estudiado una rama de la ciencia que estudia el comportamiento humano y su relación con los procesos de pensamiento, el aprendizaje o los procesos emocionales.

Mito 4: “Los psicólogos leemos la mente ”

No, es imprescindible que el paciente nos aporte información. Antes de empezar la intervención psicológica, llevamos a cabo una evaluación donde recogemos información a través de cuestionarios validados empiricamente y preguntas abiertas dirigidas al paciente que nos ayuda a estructurar el problema y encontrar objetivos de intervención.

Mito 5 : “Los psicofármacos (ansiolíticos, antidepresivos, etc) son el único tratamiento eficaz para los problemas emocionales”

No. La medicación puede ayudar a tapar los síntomas físicos pero la raíz del problema sigue y su efecto es a corto plazo.

Sin embargo, la intervención psicológica trabaja desde la base del problema dotando al paciente de estrategias que le puedan ser de utilidad a largo plazo.

Mito 6: “El tiempo todo lo cura”

No. Es verdad que nos puede ayudar a ver las cosas desde otro punto de vista, pero en sí mismo no tiene propiedades terapéuticas. En ocasiones, por dar tiempo a que ese problema se solucione “sólo”, éste puede llegar a cronificarse requiriendo una ayuda urgente.

Mito 7: “Solo con hablar con el psicólogo, se solucionan todos mis problemas”

No, sólo con hablar no se soluciona ningún problema. Es verdad que sentirse escuchado produce una sensación de alivio. Sin embargo, la terapia psicológica requiere una implicación activa por parte del paciente y del psicólogo. El paciente tiene que querer cambiar y revertir su problema.

Esperamos que os haya resultado interesante y que os ayude a modificar esas creencias de la psicología.

Un saludo

Nagore y Amaia